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Por el bosque hacia Robledo. |
Gelo nos tenía preparada para el
sábado una excursión suave por su zona: La Guzpeña. De Prado a Robledo,
pasando por la cueva Lomas, un bosque de robles
chulo, y regreso a Prado, donde estaba el coche. Nos acompañaron Bego y
Afonso. Gelín se volcó dándonos todo tipo de detalles de la zona y de sus
vivencias en ella, cuando era chaval.
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Prado desde "el campo de futbol" |
Nos habíamos ganado la comida.
Finalizada ésta, dimos un paseo hasta las Ruedonas, ahora el grupo se amplió
con Bumer y Ana. De aquí fuimos hasta el mirador, disfrutamos las
vistas y dando un rodeo, bajamos al pueblo, cuando ya empezaba a
oscurecer y hacer algo de rasca.
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LAS RUEDONAS |
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Gelo, que las echas a rodar. |
Cenamos y pronto al sobre porque
el domingo ibamos a correr la 20ª subida
de Boca de Huergano a San Glorio, casí 21 kms y 500 mts de desnivel.
Hacía tiempo que le tenía ganas a esta carrera, este año era el momento.
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Salida en Boca de Huérgano. |
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En el alto. |
El domingo, llegamos a la salida
a las 8 h
45’,
tomamos café, nos apuntamos Gelin, Meli y yo a la carrera y tras el cohete, se
dio la salida puntual. Al principio mas o menos llano, pero a partir de
Portilla, todo para arriba. El de Robledo y yo fuimos juntos, hasta que
pillamos a Mundo. Los tres compartimos
varios kms. Ana, chofer y fotógrafa, paraba cada poco a inmortalizarnos.
Se me atragantaba la cuesta, en Llánaves, Gelín se puso en cabeza, metió la
“tuerca” y el plato, parecía a Virenque, no había manera, cada vez se alejaba
más. Llegué al alto en 1 h
52’
30”.
2’ antes, lo había hecho él.
10’ más tarde llegó Amelia, 2ª
fémina. Carrera dura, había tb andarines y combinada, atleta y ciclista. De
avituallamiento una buena sangría. Mientra hablaba con un motero, llevaba un
maquinón de los que me gustan, una Yamaha 1900, pasó por detrás de mi un
ciclista, no se fijo y paro su bici contra mi gemelo, clavándome varios dientes
de la catalina. Otra muesca de guerra.
Cambiados de ropa, nos bajó Ana a la salida. Joder que cuestas… Ibamos a
esperar, había una sardinada, pero como
se hacía tarde, y se veía que la cosa iba lenta, nos fuimos a comer a Valdoré.
Luego dimos una vuelta por el pueblo, visitamos al tio José, y volvimos a
Sabero. Mientras Ana y Amelia
inaguraban la piscina, fuimos con Pili a ver a Harvy (el sabueso). Después
de un rato de descanso a la sombra, toco la despedida. Buen fin de semana, si sr. Saludos.

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La huella de la catalina. |